lunes, 27 de octubre de 2014

Cámara de ofrendas de la tumba de Nefertari







Nos encontramos ante una obra pictórica, concretamente con la cámara de ofrendas de la tumba de Nefertari, localizada en el Valle de las Reinas en Tebas. Situamos esta obra en 1265 a.C.



Esta obra es una pintura parietal, pintada en la cámara de ofrendas de la tumba de Nefertari, esposa de Ramsés II. En el muro izquierdo escena y fórmula escrita de la petición de Nefertari a Thot, de cabeza de ibis, dios de la escritura y del saber, para que le proporcione tinta y recado de escribir que necesitará en el otro mundo. En la otra pared la reina hace una ofrenda de paños y pieles a Osiris.

Esculturas y pinturas se concibieron para decorar tumbas y templos. Las imágenes de los dioses y los faraones tendieron al hieratismo, mostrando mayor vivacidad las escenas civiles. Los materiales utilizados fueron basalto, granito, caliza y madera: y la policromía quedó estandarizada en carnaciones tostadas para los hombres y amarillentas pálidas o rosadas para las mujeres. Las pelucas eran negras y las vestimentas blancas.

Los egipcios se distinguieron de las demás civilizaciones fluviales contemporáneas por buscar deliberadamente el canon de belleza ideal del cuerpo humano. Sintetizaron tres conceptos: la armonía de las proporciones, la ley de frontalidad y la visión rectilínea. Estos fundamentos se consideraban de origen divino.

El cuerpo humano debía estar armónicamente proporcionado, ofreciendo un acorde perfecto entre sus partes. Luego, decidieron que el puño del módulo regulador y codificaron la longitud perfecta del individuo en 18 puños distribuidos de la siguiente manera: 2 para el rostro, 10 desde los hombros hasta la altura de las rodillas y los 6 restantes para las piernas y los pies.

El segundo precepto inmutable de la plástica egipcia fue la ley de frontalidad. Como bien podemos obsevar en nuestra pintura los hombros y las caderas de las imágenes representadas presentan una línea recta.

La tercera de las normas, llamada visión rectilínea, afectó solo al relieve y a la pintura. Para los egipcios, todas las figuras estaban compuestas a partir de cuatro puntos de vista: uno frontal, otro dorsal y dos laterales. El resultado fue un plano en el que se insertaba de frente, el ojo y el tronco, y de perfil, la cabeza y las extremidades.

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