sábado, 12 de diciembre de 2015

La Alhambra

Nos encontramos ante una obra arquitectónica, perteneciente al arte nazarí, concretamente con la Alhambra, una construcción palaciega que abarca desde el siglo XIV al XV. Es la máxima expresión del arte áulico (poder político y religioso) de la península, una ciudad grandiosa en miniatura que proyecta las influencias de los palacios persas y bizantinos.



Muhammad ibn Nasr funda en Granada la dinastía nazarí. Su sumisión tributaria y las disputas dinásticas entre los reyes cristianos permitieron a los nazaríes conservar todavía durante dos siglos y medio el rincón oriental andaluz. Crearon un arte refinado y autosuficiente.

Los nazaríes iniciaron la construcción de una acrópolis sobre el cerro de la Sabika, que recibirá el nombre de Alhambra o “castillo rojo”, por el color ferruginoso de la arcilla utilizada en la edificación de sus muros.
Se distribuye en tres núcleos independientes: la alcazaba militar, los palacios reales y una ciudad autónoma, urbanizada con las calles estrechas, en la que residen los altos dignatarios de la corte, funcionarios, artesanos, y personal de servicio, y donde se alzan la Casa de la Moneda, mezquitas, cementerios y baños públicos.

Muhammad (1238-1273) sólo levantó el circuito defensivo, situando la alcazaba con un patio de armas.

Muhammad II (1273-1302) aprovechará estas conducciones y dulcificará la sobria arquitectura con la roturación del Generalife: una finca en la ladera del cerro contiguo, con un primoso pabellón de recreo. Los escritores árabes lo comparan con el jardín paradisíaco que Alá tiene reservado a los justos que mueren en combate.

Muhammad III (1302-1309) incorpora la cultura del agua y la jardinería a la meseta de la Alhambra, ordenando construir el Partal.

Pero el esplendor de la Alhambra llegaría durante la segunda mitad del siglo XIV bajo el mandato de los sultanes Yusuf I y su hijo Muhammad V. Con ellos triunfará el concepto del monumento nazarí. Se refería a los robustos exteriores, que enmascaran una fastuosa ornamentación interior.

Yusuf I (1333-1354) reconstruyó las puertas y las torres de la muralla, dotándolas de gallarda majestuosidad. Entre los accesos destaca la Puerta de la Explanada, y , por lo que respecta a las torres, la más sobresaliente fue la de Comares, concebida como sede oficial del trono y salón de embajadores. Sus entrañas aparecen revestidas de materiales frágiles y pobres como el barro, el yeso y la madera, pero el esplendor está repartido entre su techo, su suelo y sus cuatro paredes, pero las labradas de maderas de su techo aún son más extraordinarias. En el artesón de carpintería que cubre el techo de Comares aparecen representados los siete cielos del Paraíso musulmán superpuestos, presididos por el trono de Alá.

Muhammad V  (1354-1391) otorga al área de los palacios su configuración actual. La tradición oriental aconsejaba que cada monarca se construye sy propia residencia, y, en cumplimiento de esta costumbre, ordena edificar el Cuatro de los Leones, un patio de crucero con una fuente de doces leones en el centro, que expulsan chorros de agua por sus fauces. La fuente había pertenecido a la casa del judío José ibn Nagrella y tres siglos después se reutiliza en la Alhambra con fines simbólicos: el agua es “plata fundida” que representa los dones del sultán y los leones son sus guerreros leales, a quienes colma de favores. En los cuatro frentes del patio se abren: la Sala de Mocárabes, la Sala de los Reyes y la Sala de las Dos Hermanas.
Muhammad V era amigo y aliado del rey don Pedro. Los nazaríes destruyeron la plaza de Algecires. Su sensacional victoria fue celebrada con la edicicación en la Alhambra de la Puerta del Vino, donde la mañana de los lunes y los jueves recibía a sus súbditos, y la fachada y el patio de los Arrayanes.


Finalmente, dejo aquí un entretenido vídeo que nos cuenta más detalladamente la historia sobre la construcción de la Alhambra.

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